Introducción a un libro por escribir

Foto: Abel Laborda. Julio 2016.

Hola, hijo:

Hoy me acaban de informar de que vas a ser un varón y, aunque barajaba la idea desde hacía tiempo, me había propuesto iniciar este libro el día que me dijeran qué sexo ibas a tener. No escogí esa fecha por nada en particular, pero sabía que tenía que fijarme un objetivo para empezar y ese momento parecía tan bueno como cualquier otro. Además, esperar hasta ese día me ofrecía un dato que podría serme útil a la hora de escribir lo que quería contarte.

Pretendo llenar estas páginas de reflexiones sobre la vida, de mi visión del mundo, de lo que he aprendido, de lo que no comprendo, de lo que me asusta, de lo que me ilusiona y de lo que me enfurece. Y darle quizá a todo ello forma de consejos para ti. Pero tranquilo, ya te machacaré con sermones cara a cara lo suficiente en tu vida como para obligarte a leerlos también por escrito. En el fondo, no es algo que escriba para ti. Lo hago esencialmente por mí, por varias razones.

La primera es que quien escribe estas líneas es un adulto aún moderadamente joven (modestia aparte), sin grandes obligaciones, de entusiasmo fácil, inconformista y capaz todavía de, llegado el caso y pese a la hipoteca, embarcarse en una aventura o hacer borrón y cuenta nueva y empezar de cero en otra parte. Cuando pasen los años y el término joven aplicado a mí mismo no genere más que sonrisas de condescendencia, es posible que al tener que discutir contigo alguno de los temas que aquí trato, mis respuestas, aunque enriquecidas con la experiencia, estén también contaminadas por el conformismo, la inseguridad o las obligaciones adquiridas. No quiero olvidar lo que pienso al amparo de la libertad y la ilusión de la que ahora mismo disfruto.

La segunda es que suelo elaborar respuestas a preguntas que nunca me harán. Está en mi naturaleza. Pienso mucho sobre muchas cosas, planifico muchas situaciones, a menudo mucho tiempo antes de que puedan aparecer. Sé que no tengo todas las respuestas y seguro que en su momento surgen circunstancias que no contemplo y que me obligan a improvisar y desviarme de mi plan inicial. Pero eso me da confianza, me siento mejor cuando puedo reflexionar sobre algunos temas antes de que estallen en mis manos. Como en una jam session, que pese a nunca sabes qué vas a tocar exactamente, no llegas a ella sin haberla trabajado mucho previamente (“meticulosamente improvisado” como diría uno de esos cantautores que le gustan a tu madre).

La última (y quizá la única que realmente tenga algo que ver contigo) es porque me gustaría que te sirviera para conocerme mejor. Los niños pequeños son absolutamente sinceros, transparentes. Según te vas haciendo mayor, la vergüenza, el qué dirán, los convencionalismos o tus propios intereses van creado una máscara que te acompaña el resto de tu vida y por la que es imposible conocer totalmente a una persona, ni siquiera a los más cercanos. Todos escondemos rincones, ya sean oscuros o luminosos, pero inaccesibles a los demás. Espero que la libertad que me da escribir sin tenerte delante, permita que salga algo de mí, que no mostraría de otra manera.

Tú y yo tenemos además otra distancia, la temporal. No me conocerás de joven, no me verás nunca dar un concierto, ni jugar un partido de baloncesto (¿partido? ni diez minutos…), ni de botelleo, ni bañándome desnudo en el mar a la luz de las estrellas, ni fumando (tabaco tampoco), ni durmiendo en la calle (espero), ni robando en un centro comercial (espero también), ni perdido durante días sin más compañía que una mochila al hombro y una cámara de fotos (como mucho al hombro te llevaré a ti), ni compartiendo cama con alguien que no seáis tú o tu madre… Pero todas estas cosas que nunca verás han construido a ese adulto que tienes cerca de ti, al que nunca llegarás a conocer del todo pero al que, si lees esto, tal vez entiendas mejor.

Espero que disfrutes la lectura y, si no es así, bueno, significará simplemente que tienes como padre a un escritor mediocre, pero eso es algo que le pasa a casi todo el mundo.

Te quiere, aunque todavía no te conozca… papá.

Texto: Abel Laborda. Julio 2016.

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