De tu abuelo (I)

Foto: Abel Laborda. Enero de 2018.

Dicen que no se aprende en cabeza ajena, lo cual es cierto. Pero también es cierto que somos seres sociales, que no viajamos por la vida de forma impermeable sino que nos vamos configurando como personas influenciados por la gente con las que nos cruzamos por el camino, ya sea absorbiendo cosas que nos gustan o descartando aquello que nos desagrada.

Tú, por desgracia, no conociste a tus abuelos, mis padres. Pero en la medida en que ellos me educaron a mí y yo te estoy educando a ti, llevas parte de ellos contigo. Me gustaría que, aunque fuera con información de segunda mano, entendieras algunas de esas cosas que llevas en tu mochila y, en la medida de lo posible, aprendieras algo de su historia.

Empecemos por tu abuelo. Es imposible entender a tu abuelo, sin conocer su infancia que, como nos pasa a todos pero igual a él en mayor medida, marcó su evolución como adulto. Tu abuelo nació, como prácticamente toda su familia según el árbol genealógico ese que hay por casa, en un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, de padres campesinos bastante humildes y tuvo la desgracia de quedarse huérfano muy pronto. Su padre, trabajando en el campo, se hizo una herida en el pie con la azada que se gangrenó (la sanidad de entonces no era la de ahora) y acabó causándole la muerte cuando tu abuelo tenía 2 años. Su madre murió (de ella desconozco la causa) cuando él tenía 7 años.

Como te digo, era una familia humilde así que (imagino que a raíz de la muerte del padre) sus hermanos habían ido saliendo del pueblo a buscarse más o menos la vida (ellos trabajando y ellas en conventos) pero tu abuelo, que era el menor de ellos, todavía estaba en la casa cuando murió su madre y lo terrible de la historia es que, tras el fallecimiento de sus padres, tu abuelo se quedó viviendo solo en la casa familiar durante más o menos un año.

Te veo tan pequeño, me imagino a mi padre y no se me ocurre cómo demonios pudo sobrevivir uno niño de 7 años solo durante un año. Ni cómo la familia permitió esa situación durante tanto tiempo. Sé que eran tiempos muy duros, poco después de la guerra civil que asoló España, y supongo que en esa época habrían cientos de historia como la de tu abuelo, pero aun así no me entra en cabeza.

Mi padre, en general callado, contó poco de ese año que estuvo viendo solo. Hablaba con cariño de cierta profesora que de vez en cuando le daba de cenar (e imagino que más cosas, cuando pudiera la mujer) o de cierta tía suya a la que vio un día con un cesto de manzanas medio podridas y cuando le pidió una ella le dijo que no, que esas manzanas “eran para los cerdos”.  No suele ser justo juzgar una situación de otra época con el punto de vista de esta, pero sigo sin poder entender ese egoísmo y esa falta de humanidad con su propio sobrino. Como te digo, una historia terrible, tremendamente triste, que creo nunca sabré valorar en su justa medida pero que explica en gran medida muchos de los aspectos de la personalidad de tu abuelo (de las que ya te iré contando más adelante). El caso es que tuvo que pasar un año para que un tío suyo sacerdote se lo llevara al seminario de Corbán (en Santander) donde tendría techo, comida y educación durante unos cuantos años.

De esta historia me gustaría que aprendieras que debes sentirte afortunado. Has nacido hombre, blanco, quizá no el mejor país pero en Europa, tienes unos padres que se adoran entre sí y que te quieren a ti por encima de todas las cosas, no tienes (de momento que sepamos) ninguna diversidad funcional y, aunque no somos ricos, seguramente podrás estudiar lo que quieras sin que tengas que trabajar mientras tanto para pagarte esos estudios. En la carrera de la vida tal vez no estés en cabeza, pero partes de una posición por encima de la inmensa mayoría del resto de personas del planeta. Y quiero que tengas eso en cuenta cuando te cruces con otros en tu camino.

Ahora, entre la política neo-liberal y los libros de autoayuda, está muy de moda eso del “querer es poder”, que puedes conseguir todo lo que te propongas, que el que es pobre es porque quiere (Bill Gates, un millonario mi época, tiene una frase que dice “Nacer pobre no es tu culpa, morir pobre sí lo es”), pero no es verdad. Se ponen siempre como ejemplo los grandes creadores de empresas, que se han hecho millonarios partiendo de la nada, pero la realidad es que son honrosas excepciones que se publicitan mucho para que cale la idea (porque es lo que interesa) y la estadística demuestra que la gran mayoría de ricos vienen de familia rica y la gran mayoría de pobres son hijos de pobres. Aunque es cierto que somos los únicos responsables de cómo actuamos ante lo que nos pasa y somos por tanto en gran medida dueños de nuestro destino, no todo el mundo parte con las mismas dificultades, ni con las mismas capacidades, ni con los mismos contactos, ni con la misma suerte, por lo que el nivel de vida de una persona no es solo una cuestión de mérito (a veces, ni siquiera tiene que ver con él).

Pero ojo, no te tomes esto como un mensaje catastrofista. Se puede conseguir mucho siendo inteligente y trabando con esfuerzo. Mira a tu abuelo, que partiendo de la nada (y en su caso de la nada de verdad) consiguió obtener una posición cómoda para su familia. Te digo esto simplemente para que cuando te labres un futuro (que seguro que lo harás), seas agradecido, te acuerdes de dónde partiste y no desprecies a los demás que estén en peor situación que tú ni les eches la culpa de ello sino, simplemente, colabores en mejorar su situación. Cultiva la equidad y la justicia social.

Hay un estudio psicológico que demuestra que, cuando haces jugar a dos personas a un juego con unas reglas que favorecen claramente a uno de los jugadores, si el jugador beneficiado gana, siempre piensa que ha conseguido la victoria de manera justa y por su propio mérito. No caigas tú también en el mismo error.

Texto: Abel Laborda. Marzo 2018.

0. Introducción a un libro por escribir.
1. No aceptes consejos, sobre todo de tu padre.
2. Aprende a tomar decisiones.
3. Sobre el duelo.
4. De tu abuelo (I).
5. De tu abuela (I).
6. De tu abuelo (II).
7. De tu abuela (II).
8. De tu abuelo (III).
9. De tu abuela (III).
10. Con la iglesia hemos topado.
11. Viaja todo lo que puedas.
12. La charla.
13. Sobre la homosexualidad.
14. Chantaje emocional y otras toxicidades.

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